Cuando un recuerdo nos abre una historia.

Escrito por el 04/08/2018

Buscando en dial de la radio, encuentro el tema de Rubén Olivera “Interiores”, un tema con sutiles arreglos que fue lanzado a mediados de la década de los 90’.

Hablamos de ésta hermosa canción popular uruguaya.

Inmediatamente una inmensidad de recuerdos invaden la habitación en la cual me encuentro, pareciera que ese tema es la llave para abrir una puerta en la galería de recuerdos que se alojan en mí. Y me llevan a la infancia en la casa de la vecina, aquella vecina que ya era muy mayor cuando la conocí, de pelo corto prolijamente peinado a un costado, con un color ceniciento, que con el tiempo seria de un blanco pálido. Sus ojos eran celeste claros y transmitían la ternura, que aquella señora a cada momento ofrecía.

Su rosto era blanquecino con los pómulos apenas adornados con un color carmesí pálido, su cuerpo se presentaba un tanto encorvado, como si en ella hubiese un peso universal que cargara desde mucho tiempo atrás. Esta señora era la típica vecina, a la cual todo aquel que pasaba por la calle y la veía, la saludaba, parando algunos minutos para dar las noticias del balneario; así pasaba sus días entre visitas de vecinos, y su casa siempre inmutable en su fachada blanca de techo rojo por las tejas estilo romanas que tenía. Lo único que cambiaba era el jardín de colores vivos en primavera, verano y otoño, casi sin colores en el invierno.

Por los tiempos que ahora son de otrora, ser vecino era como ser un familiar, se creaba una confianza genuina entre vecinos, se mancomunaban en tareas cuando era necesario o se ofrecían para lo que se los necesite.

Alguna vez esta valiosa vecina me cuidó en su casa, por un rato, unas horas y eso a mí me bastaba para imaginar historias de templarios y dioses, de guerras mundiales y campeones del futbol, porque ella, sabía todo lo que yo aun desconocía y desde la distancia del tiempo asumo que lo que no sabía lo inventaba con la intención de saciar las preguntas abrumadoras que surgían.

Rubén Olivera describe en su tema el interior de una casa, aquella casa como la recuerdo era en su interior pequeña pero bien distribuida, el living-comedor  se comunicaba con la cocina por una puerta. Cuando me tocaba quedar en la casa de la vecina, lo hacía en  el living comedor, mientras ella preparaba la merienda en la cocina.

 

Sobre la mesa de madera maciza un antiguo gran plato hondo decorado con un barco clipper del siglo SXVIII, de color azul intenso, que servía para guardar los cientos de papelitos con apuntes, números de teléfonos, direcciones, números de sorteos y una infinidad de breves notas que resultaban de ayuda memoria.

 

Allí sentado a la mesa me encontraba con mis cuadernos de clase, dispuesto para hacer los deberes, pero el gran televisor que estaba con los dibujos animados frente a mi servía de fuente de distracción, de tras del televisor como deteniendo el tiempo, 4 fotografías enmarcadas en un sobrio blanco tiza, las fotos de color sepia muestran a la  familia, primos, hermanos, padre e hijo. A mi izquierda está un gran mueble llamado cristalero, dentro de él hay gran cantidad de copas de diferentes tamaños, platos, un juego de té de porcelana, y una fuente de plata muy brillante, además de unos prismáticos de bronce que se usaban para las carrearas de caballos. A mi espalda la entibia el suave fuego que humea en la estufa, los colores rojos, amarrillos que salen del fuego y las ocasionales chispas que salen despedidas junto con el chisporroteo dan a la habitación una gran calidez.

De repente su figura encorvada entra lentamente, con una bandeja en sus temblorosas manos, trae el tibio café con leche y pan tostado con manteca y mermelada de ciruela; merendamos juntos, un instante de silencio y satisfacción para el paladar.

Luego ella me ayuda con los deberes…….., termina el rato en que la vecina más que cuidarme me consintió, vuelvo a mi casa.

Hoy han pasado muchos años, ya no vivo cerca de la casa de la vecina cordial, pero, cada vez que puedo paso por frente de la casa para recordarla un instante, porque aunque ya no esté, siempre estará.

Del Olimar al recuerdo y la memoria de un pueblo. Una de sus coplas aquí.

Termina la canción interior y continua la canción “Vivian” interpretada por Los Olimareños, escrita por la década de los 60’por un venezolano, Néstor Zavarece, y como una aleación entre la música y los recuerdos, sigo dejando que la música me lleve al pasado.


Opiniones

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos obligatorios están marcados con *


Continuar leyendo

Las Toscas Town

Las Toscas Town

Current track
TITLE
ARTIST

Background